domingo, 19 de septiembre de 2010

Continuacion de ayer.........................

El cielo de aquella madrugada estaba despejado, claro, infinito como el mismo universo, las estrellas vibraban alrededor de la ultima luna llena de aquel año, que exhausto, consumia sus ultimos dias llenos de noche y melancolia, con sus apagadas luces acariciando el manto de oro con que el otoño calzaba los arboles, y ocultaba los senderos para que los viajeros volvieran a la seguridad del hogar, si es que hogar es solo un sitio donde dormir y yacer. Samuel aparco en el arcen de la carretera, lo bastante amplio para que no provocara accidentes, aun incluso en esa recta impasible que desfilaba junto al viejo Mediterraneo, detestaba que le llamaran "Sam", o "Sammy", ese no era su nombre, pero llevaba tantos años detestando las banalidades de esos seres vacios tratando de ser ingeniosos, que ya poco mas le importaba que olvidarlo, eso, a ellos, y a todo lo que le habia rodeado de vacio y fatalidad. Freya, su pastora alemana, marcaba una especie de compas con su rabo, aguardando a que su amo le abriera la puerta como un gentil caballero, para que la honrosa dama pudiera disfrutar del leve rocio que empapaba la mañana, bajo los neones de la carretera que marcaban una invisible frontera entre el asfalto y la playa. Freya empezo a correr enloquecida por la arena, ora escarbando en ella, ora agitandose sobre esta para que su piel se llenera de sus diminutos cristales, recordo cuando de niño descubrio el milagro de un diminuto brillo en sus dedos, su padre le explico que era cuarzo, minusculo, lo que le atrapaba hipnotizado, el tenia tres años y nunca lo dejaria de recordar, como todo lo que se grababa automaticamente en su memoria, fuera una palabra, una fecha, o una mirada, cuando estas aun podian conmoverle, y mucho mas atras, cuando todavia podian hechizarle y que se agitara su interior. El avanzo hacia la orilla, la abandonada aduana que marcaba la luz, como en sus viajes, quedo a sus espaldas para internarse en las tinieblas, como en sus aventuras, sus ojos de gato percibieron la orilla, mientras se aseguraba de que Freya se habia asegurado a su vez de no dejar de guardarle, pues esos dos instintos peculiares de su raza la hacian maravillosa y unica, uno, el ser un custodio excepcional, el otro, vivir para sentir y entregarle su cariño. Aun dormida, sabia que soñaba con el, u oliendo algun  festin onirico, o agitando sus patas en una carrera sin destino, pero estaba junto a ella en sus entrañas, preñadas de amor por su amo, eran muy parecidos los sueños humanos y caninos, los felices se solazaban, y los que fueron apaleados gemian y aullaban. Si, eramos parecidos, pero solo eso, porque los perros jamas destrozarian a sus hijos, o les violarian, o les bombardearian, o les dejarian morir de hambre, por eso ellos eran animales, por eso nosotros somos humanos, por eso solo somos parecidos. Cuando el suave y sensual tacto de la arena se troco en lastimeros crujidos bajo sus botas, y el susurro de Poseidon llego a sus oidos, supo que estaba frente al mar, flexiono sus rodillas y se dejo caer sobre sus nalgas en las minusculas piedrecillas que se apretaban sedientas ante el agua, presintio tras el que algo se movia, y el ruido de unas zarpas lo afirmaron, su perra le beso con fuerza en la cara esperando que el como siempre la abrazara y le dijera esas palabras que ella jamas entenderia, pero que la derretian por dentro, solo como postrada de costado, y amamantando a sus criaturas podria igualar esa sensacion de plenitud que tenia al sentir sus dedos sobre su piel acariciandola ritmicamente. Freya ni siquiera dio las tres preceptivas vueltas para tumbarse, se dejo caer a lo largo de su pierna embelesada con su ternura, una ternura que una vez el dio a las mujeres, una ternura que se disolvio lentamente, que se apago tal que se encendia el dia, primero fue el destello de la aurora pintando de azabache la silenciosa balsa que se rendia a sus pies, despues el trueno rojo de la aurora pintando de plata la vasta alfombra de sal que llamaban mar. Samuel busco en el bolsillo de su chaqueton el tabaco, donde un camello pintado sobre el desierto oteaba el horizonte al igual que el, una vez, en una tienda en el desierto del Sahara con el ulular del "sururu", el viento del desierto que golpeaba sin descanso las paredes de lona, un viejo guerrilero le dijo que aquellos animales vivian treinta años, treinta meses y treinta dias, despues bebieron la salada y tibia leche de cabra, la misma que ya le habia provocado dos terribles fiebres de malta, la misma que el no rechazo, porque no podia, sencillamente porque queria beberla y compartirla con sus hermanos del Polisario, no sabia si en Mauritania, en la zona liberada, o en la ocupada. Trazar fronteras y creerlas es distinto, unas se escriben con sangre, sentirlas alli, creerlas, sobre lo que una vez fue un oceano, despues una selva impenetrable donde vagaban bestias llamadas dinosaurios, y ahora otras peores llamadas hombres, sentir esa paz que es el desierto durante el crepusculo, era semejante a romper en pedazos esas mentiras llamadas patrias, y arrullarse con el milagro de la vida donde vida hay poca, y es tan preciosa que aprendes si es que no lo sabias, que merece la pena morir para que a cambio el resto se preserve. El sol, como un timido adolescente, se asomaba sobre las cumbres del este, trazando una linea de fuego directa hacia el, Freya seguia dormida, el se quedo mirando sus finas y estilizadas formas, lo que se podria llamar su rostro, las finas pestañas que caian sobre sus ojos almendrados y que fulminaban al caer sobre ellos, fuera con una severa advertencia sobre una presunta amenaza, o pidiendo perdon por entrar en batalla contra los restos de comida en la basura. Una vez, veranos atras, mientras el paseaba por la misma orilla de ese mismo mar, ella se lanzo sobre una mujer que leia sentada sobre su toalla, Freya le habia visto a el en ese identico gesto miles de veces, pero la sospecha de que pudiera sufrir algun daño fue superior a su razon, y cuando los desconocedores de los perros hubieran temido el sanguinario ataque final, la perra se freno, y la beso mientras la olia. La mujer, de unos treinta y tantos años, tras el primer sobresalto, sonrio y la abrazo con simpatia, despues miro a Samuel y le saludo agitando la mano, en tanto que sus senos aun firmes y vigorosos, libres y desnudos se unian a la presentacion como un coro de alegres bailarines. El se acerco a ella, se sento, y le ofrecio un cigarrillo, un cigarrillo como el que tenia entre sus dedos ahora, ahora dudaba, aquella tarde, y las horas que le siguieron no lo hizo, ni dudo, ni dejo de besarla hasta que juntos durmieron aquella mas que calurosa, lujuriosa noche de agosto, ella era Finlandesa y se llamaba Helli, no fue la primera a la que le dijo las palabras "haluan rakastella sinua", pero nunca mas tuvo oportunidad de repetirlas a otra hija del pais de los lagos. ¿Quien podria creer una vida como la suya?, una vida en la que se habian repartido aventuras al borde la muerte o de la locura, una vida en la que mientras amo a varias finlandesas, su padre pasaba tardes con Mika Valtari, el premio nobel, hablando de literatura, una vida que como le dijo un editor durante una tertulia, "si no te conociera pensaria que estas loco por lo que cuentas". Una tertulia, y un aniversario, el cuadragesimo de Samuel, solo roto en el silencio por la tremenda belleza de una muchacha que pidio cafe entre escritores, y a la que Samuel le dijo que la belleza es eso, el silencio porque no hay palabras para describirla, "te pintaria, porque no hay palabras para tu alma ni para tu carne", la chica sonrio, se marcho, y una botella mas tarde Samuel tambien lo hizo, pero solo, porque ya llevaba un mes asi, y de aquello hacia ya varias lunas.
CONTINUACION..................
El abandono ya no le heria, ya nada podia hacerlo salvo el dolor fisico, y a ese, a uno de lo mas duros ademas, tuvo que enfrentarse con solo trece años, cuando las vertebras de su columna se deslizaban sobre sus discos pinzandole por ocho puntos distintos la medula espinal, una tortura atroz que solo el que la haya padecido puede imaginar. Otra vez asaltaron el bastion del amanecer con una acometida salvaje, los momentos grabados en interior al rojo vivo, marcado como un animal, otra vez recordo a su padre adoptivo riendose de el cuando le suplicaba ir al medico porque el dolor era insoportable, "son cosas de la edad", decia el, "es un loco Rafael", decia su amada madre, "madre querida madre", como la llamaba el para no ofender a las meretrices comparandolas con ella. Transcurridos varios meses desde que la primera cuchillada se clavara en sus riñones, y desde alli hacia arriba, creciendo como el mas fuerte de los robles, finalmente fueron al medico, cuyo diagnostico fue severo, si continuaba con el deporte, Samuel se jugaba andar con un baston el resto de su vida, pero el pequeño Samuel llevaba sangre vikinga en sus venas, y solo la muerte podria evitar que consiguiera algo si se lo proponia. Cuatro años despues, ayudado por los manuales de entrenamiento de la RDA y la URSS que le enviaron traducidos desde la isla de Cuba, no solo consiguio que su columna fuera una torre inexpugnable llena de fortaleza, si no estar a punto de rubricar un contrato con los juveniles de uno de los clubs mas importantes de España, a punto, porque su querida madre adoptiva lo evito. Fue la tercera vez en su vida, y aun era menor de edad, en que ya no quiso seguir viviendo, llamo a las puertas del cielo con tanta fuerza que se machaco los puños, los nudillos era ya solo heridas abiertas, durante ocho horas diarias, durante tres años, bajo la lluvia, o bajo el sol, entrego mente y materia a un proposito, soportando el dolor, olvidando lo que se jugaba si persisitia. Un dia en tres sesiones corrio cerca de veinte kilometros, otro hizo una pista kamikaze diez veces, un sprint sobre ocho vallas, recuperando despues, trotando en la siguiente recta, y tras el codo de la pista, otro sprint, asi diez veces, y despues cien abdominales dobles con los codos golpeando las rodillas contrarias, y aun asi, cien flexiones palmeando entre ellas. Todo eso solo sirvio para que aun hoy, mas de veinte años despues le pregunten a que gimnasio va, miro el cigarrillo y lo encendio, como encendio el primero cuando el sueño del deporte se evaporo, como sin darse cuenta, un atleta de elite con ochenta kilos de peso, era solo un cocainomano cuatro años despues, un consumidor de hasta dos gramos diarios, que levantaba ya solo sesenta sobre la bascula que triste, se compadecia de sus profundas ojeras. Le encantaba fumar, sobre todo los dos primeros del dia, que consumia con pasion mientras bebia una extraña pocima de cafe solo, cola y bebida energetica, que al menos le despertaba de su sueño, que no descanso, pero esa mañana no fue igual, casi no habia dormido, asi pues no se levanto a comprobar los correos electronicos que llegaban desde cualquier parte del mundo, o los mensajes en su pagina personal, simplemente violo los derechos de autor de varias peliculas mientras Bogart seducia a Bacall en el "Sueño eterno", el que aguarda a los justos o infames, a todos. Vencio a todo, incluso dejo de fumar durante meses solo para impresionar a una chica, nadie lo creia, pero el consumidor de tres paquetes no tocaba el tabaco, vencio a la droga, enclaustrado con su perro lobo, sus libros y sus peliculas durante mas de un año, nadie que se midiera a el era capaz de soportar su capacidad de sacrificio, porque nadie era capaz de hacerse a si mismo si era necesario para conseguirlo, lo que le hacian a los esclavos sus amos blancos. Si, asi era, habia prevalecido ante todo y ante todos, incluso a los que varias veces le habian dado o por muerto, o definitivamente hundido, si, asi habia sido, pero aquella carta era una prueba definitiva, la carta que llevaba en el bolsillo interior de su chaqueton de piloto junto a una foto, una foto que bien pudiera ser de una niña, una niña que bien pudiera ser su hija. Esa carta entrañaba un reto, no el ultimo, porque el siguiente era probarse a si mismo que podia de nuevo vencer a la Diosa montaña antes de abrirla, antes de saber que nueva jugada le habia preparado el fatum en la cocina del infierno, apago el cigarrillo mientras la cola del sol ya sobresalia sobre las colinas, quedaban no mas de diez horas de sol, y un poco mas de dos mil metros para el penultimo reto, dio una palmada sobre las fuertes caderas de su perra y se puso en pie.

-Vamos Freya, nos espera la nieve y la gloria.

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