miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pichka maturina.

Eso gritan los serbios cuando explotan, ¿que significa?, una blasfemia  como cualquier otra, ¿habeis visto morir delante de vosotros a una chica de sida en Thailandia?, no, ¿habeis visto a un bebe con el craneo destrozado en Belgrado por la OTAN?, no, ¿habeis andado en medio de un campo de minas en camboya o el sahara, junto a casas llenas de niños?, no, ¿habeis entrado en un poblado kikuyu en kenya donde ya solo habia tumbas?, no, ¿habeis visto a una niña de once años con cancer de mama en irak, o a un niño de tres años con una cabeza del tamaño de un balon de baloncesto por culpa del uranio americano?, no. Por eso no es escupo en la cara, eso hace que no os llame cobardes por no tiraros a la calle a quemar a los que destruyen este mundo maravilloso que estamos machacando, el mundo del que pudimos ser los angeles que disfrutaran del paraiso, y hemos permitido que unos pocos conviertan en un infierno lleno de demonios y dolor. Cada cinco segundos se muere un niño de hambre, y cada veinte segundos uno de vosotros va al paro, DESPERTAD, SI DIOS NO DA JUSTICIA ASALTEMOS LOS CIELOS PARA PEDIRLA NOSOTROS. LIBERTAD O MUERTE.

1 comentario:

  1. La primera vez que fui a Africa, aterricé con mi mochila ni más ni menos que en la costa de Ghana.
    No sé si alguno la conocéis, pero es tremenda.
    Tremenda porque no hay alcantarillas en los pueblos y la porquería fluye por las calles en todas direcciones.
    Las playas son campos de minas, hay una mierda por centímetro cuadrado y no estoy exagerando, simplemente no hay baños.
    Hay un olor y unas plagas de mosquitos que tiemblan las paredes del misterio.
    Hay gente por las esquinas muriendo de enfermedades que aquí se curan con simples pastillas.
    En los mercados había montañas de basura sobre las que trabajaba gente como si fuesen campos de hierba.
    Los niños se bañaban en muelles con toneladas de mugre en descomposición. Y por la calle se veía gente con úlceras abiertas y niños con los ojos llenos de moscas.
    Me pasé una semana con los ojos como platos, sin dar crédito a lo que veía.
    El octavo día me dio un ataque de nervios, de tristeza y de impotencia inmensos y estuve llorando todo el día sin poder parar.
    Y el noveno, me di cuenta de que donde yo veía una playa llena de mierda, los niños veían un campo de fútbol.
    De que donde yo veía un muelle asqueroso, ellos veían una piscina con trampolín. Y saltaban como locos y se lo pasaban de puta madre.
    Y que donde yo veía pescadores dejándose los huevos para sacar del agua unas redes inmensas con poquísimos peces, había grupos de amigos trabajando por un bien común y cantaban mientras lo hacían. Y se tronchaban de risa si te ponías a tirar tú también para ayudarles.
    Y me di cuenta de que todos tenían unas sonrisas blanquísimas y maravillosas que te regalaban a todas horas sólo por jugar con ellos un rato o por contarles un cuento.
    Y dejé de ver la mierda para ver a las personas, las palmeras, la luz y el cielo.
    Y dejé de oler la mugre para oler las especias, el mar, el pescado y la fruta.
    Y jugué y charlé con niños y mayores y disfruté como una loca.
    Y me enamoré de esta gente que es capaz de juntarse en cada esquina para compartir sus historias y de reír a todas horas viviendo en semejantes condiciones.
    Y decidí que así es como quería vivir yo. Y es lo que intento cada día.
    Unas veces me sale mejor y otras peor, pero desde luego me niego a rendirme al mal rollo.
    Y cuando me pierdo en esta vida oligofrénica que llevamos aquí, vuelvo a Africa y me refresco y me renuevo y soy feliz.
    No todo está perdido...hasta en los sitios que jamás imaginarías...hay luz...

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