Al pasar la entrada de la misma, Serguei advirtió que Duane se habia quedado atrás mientras el maldecia a la mujer que encarno una de las mayores pesadillas de la maldad Hitleriana. Se giro, y tampoco pudo verlo en el pasillo que daba acceso al hall de las taquillas y consignas, volvio sobre sus pasos y lo vio de espaldas, en la entrada de la estacion, y ligeramente encorvado hacia delante. Se acerco para recordarle que quedaban pocos minutos para volver a Berlin, y fue entonces cuando vio al niño, aproximandose con mas cautela, advirtió primero la mano que agarraba la suya y luego el otro cuerpo por entero. Era una chica peliroja, dos cabezas mas baja que el ingles por lo menos, y muy, muy delgada, tanto que parecia consumida. A pesar del frio glacial que martirizaba esa nochebuena a los cuerpos exhaustos, su ropa estaba raida y descolorida, y lo que era mas importante, consistia en una camisa y una rebeca de lana en la parte superior, sin abrigo. Y en la inferior, una falda hecha girones y que dejaba entrever que como calzado llevaba unas rotas botas del ejercito rojo, con las suelas tambien rotas y su empeine abierto en una macabra carcajada en ambas, y bajo estas, unos calcetines que mas parecian mitones pues se veian todos sus dedos enrojecidos por el frio. El niño iba mas abrigado, con un pesado jersey de adulto, que doblando sus mangas hasta los hombros, aun cubrian sus manos incluso por la que le unia a su hermana. Sus pantalones eran los tipicos cortos que llevaban los niños en aquella epoca, a mediados del siglo XX, pero eran de verano, tan viejos que eran casi translucidos, y no estaban acompañados por los espesos calcetines de lana hasta la pantorilla, de hecho, solo se cubrian sus piernas hasta el tobillo, por un improvisado calzado confeccionado con retales de mantas, y sujetas a sus pies con trozos de cordon de diversos colores. El niño reparo en el, incapaz de comprender el dialogo que con los ojos habian entablado Duane y Lily, su hermana mayor. Solo unos segundos fugaces en los que se crucen dos miradas, pueden ser estos mas explicitos y reveladores para sus dueños que una larga conversación, mas sinceros e intensos que todas las palabras que escapen de sus labios, pues estos solo dejan fluir o las mentiras, o los sentimientos grabados en el alma, y esta tiene la fuente que la vivifica y empapa de luz a traves de los ojos. La magnitud de los sentimientos que embargaban a Duane eran tantos, tan contradictorios y arrolladores que dejo de intentar comprenderlos, se limito a descifrar el calvario que sufrio Lily desde los quince años, desde que empezo en el lienzo de Europa la guerra gloriosa y excelsa soñada por el pintor fracasado de Hitler. Las cartas del ejercito con el pesame por sus dos hermanos mayores sacrificados en Rusia, a mayor gloria del Reich y de sus superhombres Arios fueron solo el amargo preambulo. El siguiente acto fue despedir a su padre marchando al frente junto a otros hombres maduros, escoltados al baile de la guerra por ancianos y niños sin armas ni experiencia, a la batalla suicida de Konisberg, “no rendirse jamas”, fue la consigna de Hitler. Matanza absurda que detuvo su comandante Otto Lasch, hundido moralmente, y que victima de una depresion atroz por la responsabilidad de tantas vidas en sus manos, siendo consciente de que nada podria detener a los rusos, y a sabiendas de que asi enviaba a su propia familia al patibulo, cambio la suerte de los de su sangre por la vida de decenas de miles de inocentes. Quedo tan destrozado por esto, que casi no podia ni hablar ante los militares sovieticos a los que rindio dignamente la vieja capital de los Prusianos, estos, al ver la renuncia de Lash a los pocos suyos por tan incontables otros, decidieron que expiara su culpa siendo testigo de cómo eran respetados los que bajaron las armas, y protegidos y alimentados los demas civiles. Ese acto noble y heroico llego tarde para el padre de Lily, cayo defendiendo las murallas medievales ante los bombardeos de la artilleria sovietica, que como un mazo pulverizaron las milenarias piedras de la fortaleza que levantaron los Caballeros Teutonicos a orillas del Baltico. Fue el sendero definitivo a su descenso a los infiernos, al averno, este llego cuando el eje del carro en el que transportaban los enseres basicos de su granja, de la tierra que dio alimento y plenitud a los suyos por tres siglos de durisimo trabajo, se partio. Y todo, todo lo que contenia fue pasto para las fauces de los fantasmas del pasado, los que nunca se marchan, rondando a los humanos perdidos, avidos de mas sustancias impregnadas de las alegrias y miserias de esos mismos humanos sin rumbo, alimentandose con lo que debio ser su imperenne legado. Ahí atrás, en la carretera, quedo el carromato con esos recuerdos, recuerdos en los que se anclan firmes las raices de nuestro ser, un espejo que no refleja imágenes, si no que invoca olores, caricias, fuegos y pasiones, todo encerrado en ese cofre de añoranza que alli quedo, varado en la carretera, como una sirena que sigue a tierra a su enamorado pirata para morir naufragada esperandolo en la arena. Todo lo que fueron los Seydel quedo abandonado en una helada carretera a veinte grados bajo cero, las ropas mas solemnes para las mas majestuosas reuniones en las que celebraban su hermandad con otras familias alemanas, polacas y rusas. Las fotos, los cuadros y las cartas que transmitian la historia de trescientos años de esfuerzos y sueños, como un sello lacrado y que debieron ser inmortales, eran unas reliquias sin precio que quedaron abandonadas y marchitas, retratadas en una nivea estampa de quebranto y melancolia, bajo el fuego de la nieve que ardia en sus castos copos bendecidos por el anciano invierno. Solo quedo el frio, ese asesino silencioso e implacable, el frio, su madre, su hermano y la bicicleta, la bicicleta sueca que le regalaron en las navidades de 1942. Hoy, hacia tres años justos que Leopold, el benjamin y mimado peluche de la casa, la vio bajo el arbol de luz e ilusion de la navidad. El dia que Leopold pudo sostenerse sin caer desde la bici, bajo la atenta mirada de Lily a mediados de Enero de 1943, llego la carta agradeciendo el sacrificio de “Hanke”, en Stalingrado. Dos meses antes llego el panegirico de los heroes por Zacharias, una piedra mas para el panteón de los muchachos convocados al Walhalla de los superhombres, con solo veinte años. En ese terrible invierno en el que los nazis robaron la mitad del verano que labro en el jardin de la vida Friedrich, el padre de Lily y Leopold, las unicas flores vivas y en pie de todas las que sembro, y que aun no se habian tumbado bajo la tormenta de Hitler. Seguia la carretera, la procesion de los que huian creyendo que burlarian a su funebre destino, un camino que no les guiaba a ninguna parte, si es que alguna parte era vida y esperanza. Seguia la carretera, seguia un camino sin retorno al hambre y la muerte como unica salida, seguia la bicicleta, seguían los hermanos, pero ya no pudo continuar Lysanne, la madre, la madre de los vivos y los muertos, la amante del ausente, la consorte del fantasma. El transito al obito, bosquejo su bienvenida a la eternidad en la luz de sus labios, en la paz y el descanso de su gesto, esa luz que la recibio en la perpetua compañía de sus hijos y esposo, en ese mitico y divino lugar, que sea como sea, siempre sera mejor que el infierno de los hombres en la tierra. Esa noche marcho, porque muerta ya estaba, solo atada a la vida por las almas que la seguían y veneraban, por su ternura, por los cuentos que les leia alumbrada por velas, por la vida misma que ella les regalo, y ahora padecian malditos sus hijos por la locura de los hombres, hombres ebrios de odio y envanecidos de raza que de tanto gritar al fuego pidiendo que les incendiara, ya no pudieron huir de sus llamas. Lily fue consciente de que todo se habia desvanecido, paso de la ensoñacion a la realidad, de la adolescencia a la senectud, anciana desbordada de dolor y duelo. De subito percibio como su vida se esfumo ante sus ojos, que se perdio como el agua se derrama entre los dedos sin ser posible asirla para beber de ella. Una a una, lentamente, ese manantial se perdia hasta la ultima gota, como lagrimas que abrasan las mejillas, antes de llegar a la catarata del menton, al abismo donde todo acaba para ellas. Deseo abandonarse en el, en ese abismo que la llamaba prometiendole el reposo y el silencio, dormirse alli, entre los brazos de su madre muerta, dormirse para siempre, mientras el carnaval de los expoliados huia de su muerte, para encontrar la suya propia mas adelante, en esa oscura carretera que no terminaba nunca. Podia morir, queria morir, deseaba morir y terminar, podia y queria morir, dejar de existir, esa era ya su unica eleccion posible y sensata, cuanto deseaba abandonarlo todo, cuando todo solo era ya para ella tormento y aflicción. Pero no debia, porque aun guardaba un deber para con los suyos, con el ultimo de todos, Leopold, su hermano, el niño, el inocente bendecido con la fortuna de no comprender que dantesco destino le aguardaba, en un mundo de sombras porque todas las luces se estaban apagando consumidas sin aliento ni alimento. Duane siguió deletreando en su interior las palabras que leia en los ojos de Lily, vio la bicicleta que ella asia con su mano derecha, la bicicleta sueca que regalaron a su hermano tres nochebuenas atrás, de la que no se desprendieron porque era el milagro, el reducto al que acudir como escondite de la pavorosa realidad, un libro que en sus letras preciosas custodiaba lo que fueron ellos un dia. Por esa bicicleta pelearon ante ladrones, porque sabian que el surco que dejaban sus ruedas, era el lugar donde debian de sembrar su futuro, partiendo precisamente del ultimo fragmento de su pasado. Por esa bicicleta se privaron de la comida por la que pudieron trocarla, custodiarla era la mision a la que se habian conjurado, su cruzada, su talismán. Pero para que su hermano la conservara, habrian de sobrevivir primero, y ella aprendio muy rapido a eso, a sobrevivir, aprendio que se pueden usar los labios para besar sin que se besen otros labios, besos obscenos, besos prohibidos y blasfemos cuando no son besos de amor, si no besos de carne. Besos sucios que pagaban los mendrugos de pan y las latas de sardinas, besos que se daban de rodillas, manchando las pantorrillas de fango y cieno, besos ciegos. Besos de escalofrio y lujuria para los que pagaban por ellos, envileciendo el alma de las desesperadas muchachas que los vendian a los soldados, pero Leopold comia, y podia seguir montando su bicicleta sueca. La carretera no terminaba, Rostock solo era un alto mas en el camino de una fuga sin fin, con mas soldados pagando por los besos que les daban muchachas de rodillas, millones de ellas que rehenes del hambre los vendian para pagar su breve rescate, millones de muchachas y niñas alemanas vendiendo sus besos a victoriosos soldados. Pero Lily ya no podia mas, estaba a punto de postrarse para no volver a levantarse nunca. Se movia ya solo por inercia, pues el impulso que la animaba ya se habia extinguido, y solo por Leopold no se habia dejado caer antes. Esa era su ultima estacion, la de Lily, alli cambiaria la bicicleta por un unico billete a Berlin, y algo de comida caliente para su hermano, se despediria de el, y rendiria cuentas con Dios, que eran muchas las que le debian en el cielo, ademas de las que le debian a ella tambien la vida y los hombres. Pero al mirar a los ojos de Duane para ofrecerle la bicicleta, la dichosa bicicleta sueca a la que su hermano se aferro tenaz hasta que razono lo que para el era irrenunciable, algo latente en ambos germino, el vio sus horrores, ella vio sus batallas, años en que los enloquecidos hombres mataron a hombres, enloquecidos hombres mataron a mujeres, enloquecidos hombres mataron a niños, los enloquecidos hombres matando sin descanso. El vio sus besos sucios, el hambre, la oscura carretera, a su familia desaparecida en las tinieblas, el horror, el horror de lo horrible grabado a fuego en el alma, solo quedaban ya la muerte y el dolor en los ojos de ambos. Pero compartian algo mas que haber sido testigos de actos horrendos, compartian el seguir vivos, la oportunidad de disfrutar de lo que a decenas de millones de personas le habia sido robado, de construir sobre las cenizas del viejo, un mundo nuevo y mejor. Se rindieron a una tregua, el armisticio en la batalla de los ascetas, de los que se aterraban pensando en entregarse a alguien que podria estar muerto mañana, solitarios que se protegían asi de una mayor soledad, la ausencia de los amados, la traicion de estos por dejar sus brazos y tomar los de la muerte como amante y compañera. El la miraba y veia su coraje, su valor, y como aun desnutrida y hambrienta luchaba por la vida de su hermano, en sus ojos, unos pozos verdes llenos de angustia y renuncia. Ella vio lo que el siempre quiso esconder, su vulnerabilidad, su bondad, que su corazon se encogia viendo a los niños famelicos comer cascaras de patatas en un continente devastado por la guerra y el odio, un uniforme ya sin coraza para ella, pues lo traspaso, lo cruzo, lo ocupo, claudicando Duane ante lo inevitable, ante la llamada animal o divina que nos obliga a amar. En breves segundos que se confundieron con un eterno instante, lo supieron, se buscaron, se encontraron, porque fue el destino burlon quien asi lo quiso, pero ellos no se negaron, se necesitaban, eran el uno para el otro, la simbiosis que redimiria a sus espiritus de la amargura y esas mismas tinieblas que se tragaron a tantos de los suyos. Serguei rompio el hechizo tras distanciarse de el, pues la energia que se desprendia de ambos era una especie de iman que atraia turbaciones en lugar de metales, magnetizandolos ante la vision de algo hermoso e imposible, algo que los perdidos y condenados llaman esperanza.
-Duane, tenemos que irnos, el tren esta a punto de marcharse, nos queda muy poco tiempo.
Le dijo en aleman al ingles, que se volvio hacia el con una serena calma que le asombro.
-Serguei, voy a hacerte un regalo, esta bicicleta, no me lo niegues.
-¿Qué dices, estas loco Duane?.
-No, no lo estoy, ademas, se vienen con nosotros a Berlin.
-No pueden Duane, es imposible, no tendran salvoconducto para llegar alli.
Hay miradas que asienten dociles, otras son las feroces que anuncian la hora de la espada, otras las que urgen a los amantes a entregarse, pero la de Duane era explicita en un punto, ahora no serviria una negativa, no habia lugar a discusión, y Serguei asintió.
-Yo los llevare a Berlin, y a ver como los pasas a tu sector, pero que conste, esa bicicleta me la llevo, ¿eh?, sera para mi hijo que me esta esperando, y para su hermano cuando crezca, ahora vamonos antes de que me arrepienta.
-Compremos bocadillos, el viaje es muy largo.
Duane se agacho a la altura de Leopold, y lo cogio en brazos, Lily lo observo con un delirio contenido, la vida les habia concedido una nueva oportunidad, una nochebuena les trajo una bicicleta, otra, años después, les habia traido un angel que los rescatara del infierno.
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