miércoles, 22 de diciembre de 2010
Natividades.
La navidad, esto es la natividad, bienvenidos a Barrio Sesamo, nacimiento, concepcion, dolor, gritos y vida, buen prefacio de lo que es en si la ardua existencia. Dos mujeres me pidieron que las hiciera engendrar otro corazon que latiera junto al suyo durante nueve lunas, una en Africa porque queria un hijo blanco, la otra en Europa porque queria un hijo de ojos verdes, las dos sin compromiso, no mires atras pues ese no es tu problema. Dejar un pedazo de mi alma dentro de una muchacha que era refugiada en un pais al borde de la guerra civil, o en el vientre de una alcoholica y manipuladora mujer, inteligente, locuaz, dueña y señora de una perturbadora belleza celta, ella, dionisiaca y baquica deidad en si, en las verdes montañas que encerraban sus pupilas, una venus de carne que parecia tanto bendecida por los arcanos druidas, como maldita por los demonios que la consumian devorando sus entrañas. Pedir, rogar, suplicar, cualesquiera de los verbos que se usen implican negociar, aceptar o negar, renegar o asumir de un compromiso absoluto como es el de ser responsable de alguien que solo espera ser amado, protegido y guiado para que una luz prendida en su mas intimo ser por ti, le de calor en la noche, aliento en la fatiga, y le marque un sendero bajo las lobregas tinieblas que acechan entre las sombras de la perfidia y la mentira, delectandose con el sabor del miedo y la renuncia en las animas de los perdidos. Es distinto esto de noble y valiente, a la vil y cobarde mentira, a prometer esterilidad cuando esteril solo es la palabra verdad en sus labios, creer esas mentiras es mas que error sacrilegio, medio vestido solo por el sudor y manchado por un deseo sin pudor. Las terribles, nefastas y multiples consecuencias de aquella noche doblemente santa, cuando las campanas tocaron a rebato y los cuerpos se fundieron en abrazo de lujuria y pecado, lujuria pagana en los amantes, y pecado en sus rojos belfos sembrados de engaño y traicion. Un instante que por breve es eterno, comunion de fluidos, espesos y ardientes como el magma, azmilclado perfume de mujer abonado de hombre, acometidas salvajes del ariete que derriba la puerta de la fortaleza, muros quebrados y almenas derrotadas entre jadeos anhelantes, en el momento que jamas olvidare conjure la vida dentro de ella. Un hechizo que se cumplio cuando un año moria y mi hija nacia, cuando ese año moria junto a los demas ya pasados, agotados y decrepitos, por perder, perdi unas mentiras entre fuego y juramentos, para ganar otra llena de blasfemias y secretos, sangre que vive y sangre que muere, porque quedar, permanecer, en mi solo la soledad es compañera, sea en la natividad o en la vida entera.
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