sábado, 11 de diciembre de 2010

Nunca lo conte.

No, nunca lo conte, nunca conte que yo solo me enrede hasta axfisiarme una vez mas en una telaraña de pasiones y mentiras, pasiones salvajes en besos incendiados, en cuerpos que se retorcian de placer fundidos bajo la maldicion de Venus y Baco, mentiras que eran creer que mas alla de esos osculos encontraria algo mas, cuando mas, solo me esperaba el vacio y la nada. Una vez mas, y no podria decir la enesima porque ya perdi la cuenta, una vez mas con otra hermosa mujer, tan bella y sensible como victima de este sistema que convierte en fieles siervos de la estupidez a sus miembros para que no se rebelen contra sus Principes. Una mujer a la que deseaba ver cada vez con mas urgencia, una mujer que me dio su numero de telefono la noche antes de viajar a Galicia para cubrir de verdad las sucias mentiras del Prestige, una mujer que me dijo sin palabras a mi vuelta la noche antes de entrar en el infierno Iraki, que volviera porque habia una partida pendiente entre ambos, una partida en el viejo juego de la seduccion, un juego salpicado de especias y olores, un banquete que se sirve entre miradas de fuego. Una mujer que me sostuvo con sus labios mientras yo me decidia entre volver a bailar con la muerte en Bagdad, o quedarme aqui para violar todos los sistemas de seguridad del estado y probar que era todo una gran mentira, una mujer que me sostuvo con sus labios mientras la muerte caia sobre esa ciudad y amigos mios. El miedo jugo su ultima carta y el ultimo beso fue antes incluso de viajar a Africa, me dejo porque no renuncie a ser yo mismo para ser solo de ella, me dejo porque aun deseaba volver a la danza con la vieja señora, la mujer mas fiel de todas las que he conocido, la mujer que me besara por ultima vez y me arropara con su manto eterno de paz y  descanso, en el ultimo beso, el dulce beso de la muerte. Africa es de un color intenso, en sus desiertos, en sus selvas, en los ojos de los te miran, Africa tiene un olor que no encontraras en otro lugar del mundo, Africa es vida, Africa me recibio en Kenya con soldados armados junto a los aviones, me recibio con varios funcionarios y un coche esperandome para salir de su capital a donde quisiera, porque querer, no me querian muerto en Nairobi. Aprendi en la frontera con Uganda que es un Msungu, un hombre blanco, el poder de esa piel para atemorizar con su sola presencia a otro ser humano, a otro hermano, pero de otro color, alli aprendi que el color del miedo es el negro, porque aun hoy los negros temen a los blancos. Uganda, hermosa doncella pura y virgen, Uganda manchada de sangre, de sangre negra por el ultimo Rey de Escocia, Kampala, donde la luz duele, donde por la calle viven la miseria y el lujo, el deseo y el sida, los humanos junto a animales que nunca has visto y no puedes creer que existan, y menos aun vivan en ciudades. Kampala, donde en la primera noche dos Ruandeses me robaron la mitad del dinero a punta de machete, no de un machete cualquiera, un machete de medio metro, un acero de un millon de muertos Hutus y Tutsis, Kampala, de donde sali para llegar al infierno, a un campo de refugiados donde tres monjas y un sacerdote atendian a enfermos de sida, y lo que no esperaba, a los supervivientes de un ataque rebelde, a los que mataban, violaban y secuestraban en el nombre de Dios, el sagrado Ejercito Revolucionario del Señor, decenas de mutilados y heridos, decenas de desesperados porque iban a perder lo ultimo que les quedaba, lo unico con lo que nacieron, la vida. La camara se quedo en el Jeep  y yo junto a los religiosos, junto a los que decidian a quien se podia salvar aun, y a quien consolar porque ya nada podia curarlos, aquel dia no hubo ni milagros ni morfina, solo muerte y gritos, lagrimas y sangre, un blanco y un bebe reventado en sus manos. "Si no es una conmocion sobrevivira, si no por lo menos que no muera como un perro David", me dijo una monja, Dios, Dios, Dios, maldito seas tu y tu nombre por lo que hiciste, a el darle paz, a mi su muerte, estaba desnudo, como llego y se fue de este mundo, envuelto en mi camiseta, una blanca camiseta manchada de rojo, el rojo que tosia intentando respirar. La primera bocanada de sangre le abrio los ojos, imposibles, negros, sus pupilas me herian tanto como a el le dolia ya vivir, lentamente, muy despacio, mientras los que se salvarian aullaban, su mirada se apagaba, su brillo se consumia, su vida marchaba, se deslizaba entre mis manos como la sangre de sus ajados pulmones, expiro mirandome a los ojos, aferrandose a mi desesperadamente, buscando un milagro que no existia, porque aquel dia los angeles descansaron de guardar a los inocentes. Supe que la muerte es mierda aquel dia, lo supe porque al morir, al descansar, todo su cuerpo se relajo, dejo de pesarme, deje de sentir su diminuto ser, y solo senti como sus excrementos se liberaban sobre mi pecho desnudo, eso es muerte, mierda, dejarla atras para llegar limpio al paraiso, el ademas libre de pecado, porque tener no tuvo tiempo ni de aprender a andar. Cuando llegue al hotel por la noche, dejando atras en la carretera a cientos que huian de la barbarie al norte, tras horas en que su muerte y su olor no me abandonaban, compre una botella de ginebra, ya no importaba la marca, ya no importaba la hora, la chica que me la vendio sabia que habia pasado, lo sabia como lo saben todos los Africanos, cada vez que un hombre blanco llega, vuelve lleno de sangre, de sangre negra. No somos superhombres, pero si ricos, si crueles, si habiles, muy habiles, tanto como para poder llorar, ducharnos y beber al mismo tiempo, habiles para llamar a España, pero muy cobardes para contarle a ella lo que nunca conte, cobarde, muy cobarde para llegar a decirle que necesitaba escuchar su voz porque las tinieblas me engullian, cobarde para decirle que estaba bien mientras no dejeba de derramar lagrimas y ansiar sus labios, cobarde para decirle que mientras me queria dejar morir, ella solo me hablaba de su nuevo armario en Madrid, y de lo feliz que era mudandose alli. Luego kenya, mas muerte, mas sida, en si lo que aprendi de ella, ojos que se apagan mientras te miran desde la linea donde solo llegara eso, la mierda, la muerte, millones de huerfanos del pecado, no del pecado de la carne que condeno a sus padres, el pecado capital de sus hermanos blancos que miran a otro lado mientras ellos mueren, una madre de sus propios hermanos porque la suya ya no estaba, una niña de once años madre de sus hermanos, eso me recibio en Kisumu, despues una aldea sin nombre, una aldea que no habia pisado un Msungu en cincuenta años porque no habia nada para robar, una aldea llena de cruces, una aldea con una anciana abuela cuidando de sus nietos, porque todos, todos habian muerto ya, y todos eran doscientos seres humanos robados por el sida. Esa noche conoci a una refugiada Somali, ojos arabes en piel de ebano, ella, yo, eramos dos, nosotros dos, dos seres perdidos, extranjeros alla donde fueran. Ella se prostituia para sobrevivir, yo bajaba a los infiernos para vivir, dos seres minusculos en un vasto universo, ojos llenos de dolor y de horror, cuerpos que durmieron abrazados llorando en silencio su maldicion, estar solos, solos porque no teniamos un hogar al que volver, un punto cardinal y unico que llamaramos casa, una casa a la que volver con los nuestros, porque a los suyos los mataron y los mios me abandonaron. Una monja le dijo a mi camara el dia antes de marcharme de que serviria que rezaran por Africa, no necesitaban oraciones, si no comida y medicinas, en lugar de fusiles y balas, esperanza en lugar de falsas elegias, amor sincero en lugar de hipocritas herejias, porque Cristo murio, si, pero vivio para que vivieramos, para que gozaramos, para que amaramos y peleareamos contra la injusticia, y hoy Cristo es solo la tercera  luna del año en semana santa, hoy Cristo es solo el solsticio de invierno pagano, no el pagano Latino de Roma, el pagano de regalar mentiras en lugar de entregar amor, el amor que se axfisia en hipotecas y letras, el amor que matamos dia a dia mientras vendemos nuestra alma al becerro de oro, pagando lo que no necesitamos cuando lo que nos haria libres se encuentra dentro y no fuera, cuando lo que necesita nuestra piel no es vestirla con suntuosa lujuria, si no desnudarla ante otra alma que nos abrigue. Ella no me abrigo cuando volvio de Madrid, solo paseo a mi perro mientras a mi me devoraba la fiebre y orinaba sangre, ella no lo hizo, Olga si, una preciosa rusa que me hizo olvidar por dos dias con sus noches lo que hasta hoy no habia contado. Esta semana he contado muchas cosas, esta semana no he olvidado nada, y saber, se que no podre dejar de recordar errores y horrores, pero aprendes, aprendes en otros ojos que te prenden, prendido y rendido a sus caricias como garras de terciopelo, que estar vivo aun preso es hermoso, preso de sus cabellos, rehen de sus uñas, sentenciado por la yema de sus dedos, que vivir, es vivir para dar y entregar. Shakespeare escribio que es tan dulce el dolor del adios que dormire hasta mañana, el dolor, dolores, dolores que como un libro hermoso y abierto te enseña que vivir, vivir merece la pena, por todos nosotros, por el destino de libertad y amor que nos aguarda en la batalla, la guerra por la libertad. Cuando acabe la lucha, tal vez por encima del egoismo, del miedo, de la codicia, bajo las malas hierbas encuentre ese paraiso que compartir con alguien, ahi, solo arrancando las malas hierbas lo encontrare.

2 comentarios:

  1. Ya lo he dicho todo, ¿que mas puedo añadir?, estoy vivo, eso es lo que importa.

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  2. Ay David...
    Qué suerte tengo de conocerte. Eres muy, muy grande. Toda mi admiración y mi cariño.
    Un fuerte abrazo.

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